De qué manera los intercambios culturales aportan al desarrollo personal

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Muy bien dice el dicho aquel: “la vida no es destinada a ser vivida en un solo lugar”. Al darnos cuenta de lo afortunado que somos como personas de tener la capacidad de comunicarnos por medio de las emociones, los movimientos y las palabras, logramos percibir la maravillosa diversidad en la que vivimos.

 

El simple hecho de hacer conciencia de la gran cantidad de idiomas que nos rodean, ya despierta en nosotros ese instinto de curiosidad por conocer más acerca de otro país, otra cultura y por ende, otras personas que, aunque físicamente posean rasgos y pensamientos diferentes, en esencia seguimos siendo iguales.

 

La cultura es un aspecto que por años ha llevado al ser humano a estudiar eventos históricos, viajar miles de kilómetros de distancia, conquistar territorios, intercambiar cosas según el valor que se le otorgue, descubrir nuevas experiencias, crear códigos simbólicos y una infinidad de sucesos, los cuales muchos de ellos siguen vigentes en la actualidad.

 

Al estar inmersos en una cultura diferente a la que normalmente estamos acostumbrados, nuestro instinto y la forma en que percibimos el mundo a nuestro alrededor empieza a cobrar un significado diferente. 

Al mismo tiempo, comenzamos a adquirir una sensibilidad tan profunda que nos lleva a conectarnos con todos esos acontecimientos que estamos registrando en nuestra mente por primera vez. Todo un laboratorio de experiencias comienza a surgir dentro de nosotros mismos, abriendo esa puerta que nos permite disfrutar intensamente esos estados de asombro y éxtasis existencial.

 

Las experiencias culturales nos facilitan el intercambio de conocimiento y de experiencias únicas, enseñándonos de esta manera, la perfecta red que se teje en este mundo completamente interconectado, donde los límites de territorio y mentales, tan solo son una ilusión.

 

Existen múltiples opciones que nos facilitan la vivencia de dichos intercambios culturales, donde el dar y el recibir se funden en un solo momento.


Desde voluntariados e intercambios, hasta becas que ofrecen las universidades a nivel internacional. Igualmente, espacios de conversación en varios idiomas, así como hospedaje gratis en casa de anfitriones cuyos hábitos y estilo de vida suelen ser diferentes, son escenarios fascinantes para compartir nuevos colores, olores, sabores y percepciones, ampliando así nuestro mundo.

 

Al permitirnos estos espacios, nuestra creatividad aumenta, nuestros miedos se diluyen, y nos animamos a explorar el mundo con todos sus matices. 

Por esto, aprovechemos las diversas oportunidades que existen a nivel global y entremos en el campo de las infinitas posibilidades que se encuentran al salir de nuestra zona de confort, ofreciendo nuestros talentos y habilidades, al tiempo que aprendemos constantemente de aquellos que se cruzan en nuestro camino.

 

Tengamos el coraje de vivirlo y nos esperemos a que nos lo cuenten, pues recuerda… “esta vida no esta destinada a ser vivida en un solo lugar”; lo único permanente es el cambio. 

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